viernes, 19 de enero de 2018

Hellas basin visto por la MarsExpress.


Hellas Basin, (la cuenca de Hellas) es una llanura localizada en el hemisferio sur del planeta Marte, consistente en un gran cráter de impacto. Con un diámetro de unos 2.300 km, es el cráter de impacto más grande de la superficie de Marte. Se cree que fue formado durante el período de intenso bombardeo tardío del Sistema Solar, hace unos 3.900 millones de años, cuando un gran asteroide colisionó con la superficie.2

Es el punto más bajo de la superficie de Marte, con una profundidad aproximada de 6.000 metros. La imagen fue tomada por la sonda europea Mars Express justo cuando una tormenta de polvo se arremolinaba dentro de la cuenca.

Estrellas tipo M


Las estrellas de tipo M, también llamadas enanas rojas, son el tipo de estrella más común en el universo, representando cerca del 80% del total de ellas. Tienen un radio que es solo el 0.3 del radio solar y una luminosidad de tan solo el 0.01 de nuestra estrella. Es por ello que, a pesar de ser tan abundantes, son tan difíciles de ver (muy pocas enanas rojas se hallan al alcance de los telescopios de aficionado)

Son bastante frías, para ser estrellas, con temperaturas superficiales de solo 3000 K. Esto se debe a que queman el hidrógeno en su núcleo de una manera muy avara lo que permite que este tipo de estrella tenga una vida muy larga, con un promedio de 200.000 millones (20 veces la vida del sol)

Este tipo de estrella puede poseer todo un sistema planetario, solo que se caracterizan por ser ultra compactos estando todos los planetas a poca distancia entre si. Se conoce la existencia de varios planetas ubicados en zonas habitables alrededor de estas estrellas, pero la habitabilidad de dichos mundos se halla comprometida por la excesiva cercanía a su estrella madre (las enanas rojas son famosas por sus violentas emisiones de rayos X). En todo caso, al ser el tipo de estrella más abundante, son un objetivo en la búsqueda de vida más allá del sistema solar.

jueves, 18 de enero de 2018

¿Cómo buscar vida en Marte?


La búsqueda de vida fuera de la tierra es una de las metas de la exploración espacial robótica. Marte, Europa, Encélado y otros mundos son candidatos para albergar la chispa de la vida gracias a ciertas condiciones favorables halladas en ellos (aunque con diferencias notables). Sin embargo nuestra tecnología actual nos limita lo lejos que podemos ir a explorar por lo que nuestra mejor opción para responder a la eterna pregunta de si estamos solos es el planeta rojo.

Entonces a Marte. Antes de continuar debemos recordar que las sondas tienen limitadas capacidades de carga por lo que no pueden llevar todos los instrumentos científicos que queramos, así que hay que ser selectivos y mandar solo aquellos que podrán enviarnos el mayo retorno científico. Para esta tarea es fundamental conocer las condiciones ambientales marcianas.

Al carecer de un campo magnético digno de ese nombre, Marte ha perdido casi toda su atmósfera por lo que las intensas radiaciones del espacio pueden alcanzar la superficie del planeta. Esta combinación de altas radiaciones y bajísima presión atmosférica practicamente descarta la presencia de vida sobre la superficie. Pero ¿Siempre fue así?

Ahora sabemos que no, que en el pasado remoto las condiciones marcianas eran mucho más benignas, una atmósfera más densa permitía la existencia de grandes depósitos de agua lo que habría favorecido el surgimiento de alguna clase de vida unicelular. Lastimosamente dichas condiciones ambientales no durarían mucho y con el paso del tiempo el planeta se convertiría en el desierto que hoy es.
El clima marciano fue más benigno en el pasado.

Entonces ¿Qué buscamos? se buscan microorganismos unicelulares, invisibles a simple vista. Esto se debe a que es improbable que la vida en Marte haya progresado en el camino evolutivo mucho más allá de ese nivel. Esto en si no tiene nada de raro ya que nuestro mundo fue un mundo de vida unicelular durante dos mil millones de años o más antes de la llegada de la vida pluricelular.

Si la vida surgió en el planeta rojo esta pudo haber prosperado en el subsuelo marciano, incluso podría haber sobrevivido hasta la actualidad, por lo que si queremos encontrar evidencia de su presencia, pasada o presente, debemos escarbar el suelo marciano. 

A una profundidad de uno o dos metros, los hipotéticos microbios marcianos estarían lo suficientemente protegidos de las radiaciones como para prosperar. Precisamente a dicha profundidad se encontrarían grandes depósitos de hielo puro en amplias zonas del planeta. Desde luego que el hielo en sí no es idóneo para la vida, pero bajo ciertas condiciones podría derretirse proporcionando una capa de agua líquida temporal que permitiría a las formas de vida marcianas realizar reacciones químicas complejas. 


¿Y fósiles visibles en el registro de rocas? Cuando las condiciones lo permiten, las "esteras microbianas" (comunidades de microorganismos de varias capas) pueden intercalarse con sedimentos finos, produciendo estructuras morfológicas características en las rocas que se forman posteriormente. Estas capas serian muy visibles, pero es muy poco probable que un rover o una sonda estática den con una pieza semejante (aunque nunca se sabe).

Un ejemplo de capas formadas por microorganismos. 

Aunque no encontremos microfósiles podemos buscar señales químicas que delaten la presencia de procesos biológicos. 

Otro problema es que se busca señales de algo que habría existido hace tres o cuatro mil millones de años. Y en todo ese tiempo pueden haber ocurrido muchas cosas: Las rocas que conservan las evidencias pueden erosionarse, o enterrarse más allá de su alcance. Afortunadamente, Marte no tiene indicios de poseer placas tectónicas activas, que causan el constante cambio y reciclaje de la corteza que tenemos en nuestro planeta, lo que significa que es básicamente una cápsula del tiempo geológica. De lo contrario las opciones de encontrar evidencia de vida pasada serían mínimas.

Para complicar las cosas, las sondas robóticas no pueden aterrizar en cualquier parte del planeta, solo en las más bajas ya que, al tener mayor densidad atmosférica, solo en dichas zonas se pueden usar paracaídas. Además las limitaciones sobre su movilidad hacen que sea muy difícil acceder a los sitios donde se cree que es posible que existan microbios en la actualidad. Eso ya será trabajo para exploradores humanos.


En el 2020, deben aterrizar en el planeta rojo las sondas Exomars rover de la agencia espacial europea (ESA) y el rover marciano de la NASA (hermano del rover Curiosity). Ambos vehículos están preparados para la búsqueda de señales que delaten un pasado biológico. Si ambas sondas dan resultados negativos será un duro golpe para las expectativas de encontrar vida en Marte, refugiándose en la esperanza de que, simplemente, no aterrizaron en el lugar correcto o que la vida se esconde fuera de su alcance, quizás demasiado subterránea para alcanzarla. Si por el contrario la respuesta es positiva, nuestra posición en el Universo habrá cambiado para siempre.

Exomars rover.
Mars rover 2020



miércoles, 17 de enero de 2018

Venus visto por Akatsuki.



La sonda japonesa Akatsuki estudia la atmósfera de Venus mediante tres cámaras infrarrojas y una ultravioleta, además de otra cámara para detectar posibles rayos en las nubes venusinas y un emisor de radio para trazar un perfil de la atmósfera del planeta. Las longitudes de onda en las que trabaja cada cámara permitirán investigar las distintas capas y características de la atmósfera de Venus. He aquí una muestra reciente de lo que las cámaras de la sonda han conseguido captar mostrándonos un Venus completamente nuevo, las fotografías en infrarrojo permiten observar el lado nocturno del planeta, mientras que las imágenes ultravioletas nos enseñan las capas de nubes interiores.

Imágenes en ultravioleta.





Imágenes en infrarrojo.







martes, 16 de enero de 2018

Nova Muscae 2018


Durante esta madruga pude fotografiar a esta nova ubicada en la constelación de Mosca (Musca). Es bastante brillante, posiblemente rondaría la magnitud +6-+7. Para hacernos una idea de la cantidad de energía liberada en este fenómeno, a la izquierda de la nova se encuentra la estrella HD 99438, una gigante naranja 25 veces más brillante que el sol ubicada a 900 años luz del sistema solar.. El sistema progenitor de esta nova, de magnitud +14, se encontraría mucho más lejos (tal vez a miles o decenas de miles de años luz).


Una nova se produce siempre en un sistema binario. La forma clásica de las novas se da con una enana blanca en compañía de otra estrella de la secuencia principal, sub gigante o gigante roja. Si ambas estrellas estan lo suficientemente cerca el material de la estrella gigante se precipitará en la enana blanca formando una densa pero delgada atmósfera compuesta principalmente por hidrogeno. A medida que aumente la cantidad de material de la otra estrella se llegará a un punto en que la temperatura sea lo bastante alta como para realizar procesos de fusión nuclear. Entonces se produce una explosión cataclismica (en esencia es una bomba nuclear a escala estelar) que es la responsable del espectacular incremento en el brillo.

Fotografía tomada el 16/01/2018 desde San Lorenzo.Paraguay.

lunes, 15 de enero de 2018

Posible nova en la constelación de Mosca


Recibe la denominación PNV J11261220-6531086. Se estima que brilla con una magnitud alrededor de +7. Fue descubierta por el australiano Rob Kaufman en la sureña constelación de la Mosca (Musca). Las coordenadas para encontrarla son RA 11h26m15.16s y DEC -65°31'23.3".


En el mapa se presenta su ubicación en el cielo, destacando que casi no existen estrellas de brillo similar en sus alrededores, solo la de magnitud 7,6 HD 99148.


Se solicita encarecidamente observaciones de seguimiento y vigilancia. Por su brillo sería observable incluso con unos buenos binoculares o telescopios pequeños desde la ciudad.

domingo, 14 de enero de 2018

Las eras glaciales de Marte.


El agua en Marte es un tema bastante popular entre los aficionados a la exploración del espacio y no es para menos pues de su abundancia y accesibilidad dependen los futuros planes de exploración y colonización del planeta rojo.

Actualmente tenemos evidencia de que los depósitos de hielo se encuentran en muchas áreas de Marte lejos de los polo y a muy poca profundidad, por lo que los exploradores marcianos no tendrán escasez de agua. Pero ¿Cómo llegó el hielo a tan bajas latitudes?

Pues de la misma manera que los glaciares terrestres, se formaron durante un prolongado periodo donde el clima fue mucho más frío que en la actualidad, algo que en la tierra llamamos comúnmente una 'era glacial' o era de hielo.
Esto es un antiguo glaciar en Mamers Valles. Ahora sabemos que hay hielo ahí debajo.

Puede parecer que hablar de un clima frío en un planeta que de por sí ya está bastante congelado sería una redundancia, pero lo cierto es que en el pasado el ambiente en el planeta rojo era mucho más frio debido a una mayor inclinación del eje de rotación. Si tenemos en cuenta que en la tierra la oblicuidad varía entre 22.1° y 24.5° (actualmente se halla en 23.4°) en Marte puede alcanzar valores mucho más extremos, de hasta 60°).

Aún no está del todo claro si la inclinación del eje marciano es el único culpable de la aparición de las eras de hielo pero parece la causa más probable. La última edad de hielo en Marte comenzó hace 2,1 millones de años y finalizó hace tan solo 400.000 años. Durante este periodo, numerosos glaciares aparecieron por todo el planeta.

En otras palabras, los famosos depósitos de agua marcianos, de los que la prensa suele hablar tan a menudo, no son más que antiguos glaciares formados hace alrededor de un millón de años. Esto significa que los depósitos se hallarían en muchas regiones del planeta y que la mayoría de ellos se compondrían de hielo casi puro, a muy poca profundidad del suelo.

Estas son buenas perspectivas de cara a un posible viaje tripulado al planeta rojo en el futuro próximo, ya que no tendrían que llevar tanta agua, oxígeno ni combustible para el regreso, lo podrían obtener del propio Marte.

Messier 50




Messier 50, tambien conocido como NGC 2323 es un cúmulo abierto localizado en la constelación de Monoceros (Unicornio). Para una observador del cielo es una vista obligada en las noches del verano austral.

Este destacado cúmulo abierto presenta una magnitud visual de +5.9 lo que lo hace visible a simple vista, como una pequeña mancha borrosa, desde un sitio alejado de la polución lumínica de la ciudad. A través de un pequeño telescopio con 100 aumentos se podrá observar a más de 50 estrellas reunidas en un área de 12 minutos de arco de diámetro. La estrella más brillante es de octava magnitud y muchas se hallan en el rango de de 8-10 magnitud



M 50 tiene un diámetro de 12 años luz y se halla a una distancia del sistema solar de 3200 años luz en el brazo de Orión de nuestra galaxia. La edad estimada del cúmulo es de aproximadamente 78 millones de años. La mayoría de las estrellas de M 50 son blanco-azuladas, que contrastan  con una gigante roja muy cercana al centro. También se encuentran algunas gigantes amarillas. 


Planeando el regreso a Saturno. Parte I


Ahora que la sonda Cassini se ha ido vale preguntarnos ¿Cuándo regresaremos al planeta anillado? Pues la respuesta simple y directa es, como mínimo 20 años (y eso con suerte). Analicemos la situación.

Suponiendo que el dinero no fuera un problema, lastimosamente si lo es, lo mejor sería enviar una misión del tipo Flagship. Las misiones de este tipo, como la propia Cassini, son las más caras (por encima de 3000 millones de dólares) pero son las más rendidoras y seguras para explorar los planetas exteriores. Esto es así porque para explorar el sistema solar más allá de júpiter es necesario una sonda robusta, preferentemente alimentada con energía nuclear, con múltiples sistemas redundantes, protegida contra las intensas radiaciones y bajas temperaturas. Además debe llevar mucho combustible para que, al final, pueda transportar muchos instrumentos científicos.

El problema es que la NASA solo puede permitirse una sonda de este tipo por década, y la siguiente ya fue elegida, la Europa Clipper, que estudiará Júpiter en gran detalle durante la próxima década. ¿Eso significa que la siguiente le tocará a Saturno? Pues, no.

El principal inconveniente para que las siguientes sondas de tipo Flagship sean enviadas a Saturno es que existen muchos otros destinos interesantes que aun no han sido investigados. Es un secreto a voces que para la futura gran misión al sistema solar exterior, la NASA ya se ha decidido a explorar a los gigantes de hielo, es decir: Una sonda a Urano o Neptuno. Misión que podría despegar a principios de la década de 2030.

Esto hace que la próxima oportunidad para enviar una gran sonda compleja a Saturno se daría recién después de la sonda a Urano/Neptuno, lo que ocurriría a finales de los años 2030, llegando a su destino a finales de los años 2040. Esto hace que el tan esperado regreso a saturno se daría en aproximadamente 30 años.

Por supuesto, esto puede cambiar por el camino de varias forma. Se podría aumentar el presupuesto de la NASA, así la agencia podría desarrollar varias sondas complejas en paralelo. Claro, pedir que los políticos se interesen por la exploración espacial de la noche a la mañana es mucho pedir. Veamos otras alternativas más realistas.

Se podría explorar Saturno con sondas menos complejas, como las New Frontier (aproximadamente 800 millones de dólares) pero el retorno científico sería limitado. Son ejemplos de sondas de este tipo la New Horizons (Plutón), Juno (Júpiter) y Osiris-Rex (retorno de muestras de un asteroide). Lo que no ayuda es la gran distancia de Saturno, por lo que el tiempo de vuelo será prolongado, cerca de 9 años, y la masa disponible para los instrumentos científicos sería bastante limitada, lo que a su vez dificultaría que una sonda de este tipo sea aprobada (mejor enviarla a otro destino donde el retorno científico sea superior)

También se han propuesto misiones muy simples, de tipo Discovery (450 millones de años), pero serían todavía más difíciles de sacar adelante con un presupuesto tan bajo.

En las siguientes entradas hablaré sobre las propuestas más interesantes para regresar al maravilloso reino de Saturno.

La tecnología del ayer.


La sonda Cassini fue una sonda que utilizaba tecnología de los años 80 y principios de los 90. Aun así, los ingenieros que la construyeron, se esforzaron al máximo para sacarle todo el potencial que tenían los instrumentos científicos. Por ejemplo las fotografías del vórtice en el polo norte de saturno, poseen tal nivel de detalle que pocos se imaginarían que las cámaras utilizaban un sensor CCD con una matriz cuadrada de tan solo 1.024x1.024 píxeles. Hoy en día casi cualquier teléfono posee una cámara con una resolución muy superior, por lo que es una verdadera lástima que a día de hoy no exista un relevo para esta sonda.

Recordando al ingeniero jefe, Serguéi Koroliov


Un 14 de enero de 1966 nos dejó Serguéi Pávlovich Koroliov, el mítico Ingeniero Jefe y padre del programa espacial soviético. Al frente de la oficina de diseño OKB-1, Koroliov supervisó el lanzamiento del primer satélite artificial de la Tierra, las primeras misiones a la Luna y a otros planetas, así como el primer vuelo espacial tripulado, entre muchos otros logros. Y todo mientras el resto del mundo desconocía su identidad. . Pero el Ingeniero Jefe no se conformaba con estos éxitos y sus planes iban mucho más lejos. Tan lejos como la Luna, Venus y Marte.

Es de sobras conocido que el objetivo primordial de Koroliov a finales de los años 50 era Marte, no la Luna. Sin embargo, el Ingeniero Jefe tuvo que cambiar sus prioridades cuando en 1961 el presidente Kennedy metió abruptamente a los Estados Unidos en una carrera por poner un hombre sobre la Luna. 

Aun así Koroliov no quería renunciar a sus queridos viajes tripulados a Marte, por lo que la OKB-1 se puso a trabajar en diversos planes para la exploración del sistema solar interior, como pueden ser sobrevuelos a marte y venus, misiones a las lunas de marte y misiones a la superficie de marte.

Todos estos planes se perderían en el tiempo tras la muerte de Koroliov. La Unión Soviética terminaría por perder la carrera lunar y los Estados Unidos desistieron en poner un hombre en Marte.

Sea como sea, hace poco más de medio siglo nos dejó uno de los personajes más importantes de la era espacial. Como él mismo dijo tras el lanzamiento del Sputnik, “el camino a las estrellas está abierto”. Solo esperemos que algún día sus sueños de viajes interplanetarios se hagan realidad.

sábado, 13 de enero de 2018

NGC 2281, cúmulo abierto en Auriga.


Este brillante y destacado cúmulo abierto se halla dentro de la constelación de Auriga (el cochero) no muy lejos de la frontera con Géminis. El cúmulo presenta una magnitud integrada de +5.4, lo que lo hace débilmente visible a simple vista desde un sitio oscuro. Se encuentra a 1800 años luz del sistema solar en el brazo de Orión Mide unos 25 minutos de arco lo que corresponde a un diámetro de 13,2 años luz.


A través de un telescopios de 10 cm (4 pulgadas) a 100 aumentos podrás observar a dos docenas de estrellas repartidas sobre un bonito campo. 4 estrellas forman una especie de paralelogramo en el centro del cúmulo. Las estrellas del mismo se hallan en un rango entre +8.8 a +10.1 magnitudes. Si lo observas desde un sitio oscuro y con buena apertura (8 pulgadas o más) podrás visualizar más de 50 componentes estelares.


Este es un bonito cúmulo que a menudo es descuidado por los observadores, si lo observan desde un sitio oscuro de seguro no los decepcionará.

El primer telescopio lunar.


Durante la misión lunar del Apolo 16 los astronautas llevaron a nuestro satélite un telescopio sensible al ultravioleta, el Far Ultraviolet Camera/Spectrograph.

Como el ultravioleta lo absorbe la atmósfera terrestre es imperativo situar los telescopios fuera de la Tierra (o al menos en un globo a 40km de altura). El estudio de la radiación UV de objetos astronómicos es importante porque estas emisiones provienen de objetos que son mucho más caliente que nuestro Sol.

El telescopio lunar, de 3 pulgadas, estaba preparado para obtener imágenes y espectros a longitudes de onda entre 500 y 1600 Angstroms. Estas longitudes de onda son en las que emiten principalmente estrellas masivas de tipo O.B y A con temperaturas superficiales de entre 10.000 a 15.0000 K.
También se estudió a la tierra en dichas longitudes, la atmósfera superior (la ionosfera) y especialmente sus auroras). El telescopio contribuyó además al estudio del sol y de algunas galaxias cercanas.

En total el telescopio tomo 178 fotografías, el carrete fotografico que las contenía fue retirado durante el último paseo lunar del Apolo 16 y regreso con os astronautas a la tierra mientras el telescopio ultravioleta se quedó en la luna.