lunes, 12 de febrero de 2018

Viajando a las estrellas con el poder del átomo.


Naves de fusión nuclear.

Forzar, mediante altas temperaturas, a dos núcleos atómicos poco densos a unirse y formar un núcleo más pesado y de paso liberar una enorme cantidad de energía, esta es una descripción simple y breve de la fusión nuclear. Una descripción que, sin embargo, esconde la elevada complejidad asociada al funcionamiento de un reactor de Fusión nuclear.

La fusión nuclear es uno de los sistemas de propulsión preferidos para los viajes interestelares, tanto en la realidad como en la ficción. Los famosos proyectos Daedalus e Icarus se basan en este sistema. Otras propuestas, como el Proyecto Longshot de los años 80, usan un diseño de nave de fusión junto con otros sistemas.

No obstante, y por mucha fama que tengan, lo cierto es que nadie sabe cómo construir un motor de fusión operativo. Diseños hay muchos (motores de fusión continua, fusión por pulsos, fusión mediante haces láser o haces de electrones, fusión por confinamiento magnético, etc.), pero ninguno ha pasado de la fase conceptual sobre el papel.

Al igual que la fusión controlada en reactores terrestres, los motores de fusión parecen estar a la vuelta de la esquina, pero nada indica que sea así. Para complicar las cosas, la eficiencia de un motor de fusión depende fuertemente del combustible usado: deuterio, tritio o helio-3. Las reacciones de deuterio con helio-3 son las más eficientes, pero el problema radica en que el helio-3 es un isótopo muy, pero que muy escaso. Extraer el helio-3 de Júpiter o la Luna, como se ha propuesto en repetidas ocasiones, no parece ser una opción práctica, ni tampoco barata.

Los reactores de fusión terrestres usan deuterio y tritio como combustible, pero esta reacción genera neutrones que no pueden ser dirigidos para propulsar un vehículo espacial, además de crear un serio problema de radiactividad inducida (las reacciones He3-deuterio generan protones, cuya carga eléctrica los hace más dóciles).

A pesar de estas dificultades, las promesas de la fusión nuclear como propulsor de naves espaciales son tan grandes que se continua investigando en ella. En algunas versiones se podría alcanzar un 'fantástico' 13% de la velocidad de la luz. Con estas especificaciones, una nave de fusión por etapas, como la Daedalus de los años 70, tardaría tan solo unos 30 años en llegar a Alfa Centauri, el sistema estelar más cercano.

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