viernes, 12 de enero de 2018

No fueron los extraterrestres.


¿Se acuerdan de la estrella de Tabby? Esa estrella descubierta por el telescopio espacial Kepler cuyas variaciones de brillo no podían ser explicadas por los modelos tradicionales. Tanto que incluso se llegó a proponer la construcción de estructuras artificiales (tipo esfera de Dyson) por parte de una civilización extraterrestre.

Pues bien, hay novedades, y no muy buenas para los defensores de la hipótesis extraterrestre (aunque nunca fue precisamente la más probable). Un conjunto de más de 1700 observadores han estudiado la estrella de Tabby desde octubre de 2015 hasta finales de 2017. Los resultados han sido publicados en un paper en The Astrophysical Journal Letters con más de doscientos autores liderados por Tabby Boyajian (su descubridor).


¿Y que dicen la nuevas observaciones? La principal novedad es que se ha visto que las variaciones de brillo dependen del color. Malas noticias para las megaestructuras, ya que estas, al ser opacas, bloquearían la luz independientemente del color. Esta diferencia en la disminución de brillo según el color es consistente con la presencia de algún tipo de material fino (formado por partículas de menos de una micra aproximadamente). O sea, polvo. No es la primera vez que se propone la presencia de polvo para explicar el comportamiento de Tabby, aunque sí es la primera vez que tenemos datos para apoyar esta teoría.

Eso no quiere decir que ya hemos explicado totalmente el comportamiento de esta estrella, pero nos vamos acercando (son necesarias muchas observaciones adicionales). Pero por lo menos ya podemos descartar las megaestructuras alienígenas. Habrá que seguir buscando.

Facilitando el viaje espacial.


Viajar por el espacio es difícil, entonces ¿Qué podemos hacer para cambiar esto?

Pues sencillamente invertir recursos en desarrollar nuevas tecnologías. No podremos viajar a marte con la misma facilidad como lo hicimos con la luna. El futuro de los viajes espaciales pasa, principalmente, por el desarrollo de nuevas y eficientes tecnologías para proteger a los astronautas y propulsar nuestras naves espaciales.

Pero para que eso ocurra falta un compromiso a largo plazo, no se pueden empezar proyectos que luego de 4 años, al cambiar el inquilino de la casa blanca por ejemplo, sean cancelados así como así.


Un viaje tripulado a Marte (el planeta más facilmente alcanzable) es, como mínimo, un proyecto de 10-15 años. Sin una agenda nacional o internacional comprometida a lo largo del tiempo, hasta alcanzar los objetivos del programa, seguiremos estando estancados en órbita baja.

Simulando la gravedad en el espacio.





Desde los inicios de la era espacial ha aparecido propuestas de dotar a estaciones espaciales de segmentos rotatorios (o que rote la estación completa) con el fin de proporcionar una la sensación de contar con una 'gravedad artificial'. Entonces ¿Por qué no se ha construido ninguna?

Existen varios inconvenientes, el mayor problema es la unión del modulo rotatorio con el resto de la nave/estación, lograr que sea estanco y móvil al mismo tiempo promete ser una obra de ingeniería monumental. Lo más sencillo sería que girase toda la estación, pero claro, para ello la estructura debería estar preparada para soportar las fuerzas que se van a generar en cada sentido opuesto al centro de giro de la misma. Y la maniobra de acople con una estación en movimiento sería también muy compleja.



Pero existe otra dificultad a la hora de construir una estación espacial rotatoria y es su necesidad. ¿Cómo que su necesidad?¿Acaso no es evidente lo útil que sería la 'gravedad artificial'? Vayamos por partes.

No se construyen estaciones espaciales con 'gravedad artificial' porque lo que se quiere de ellas es precisamente condiciones de ingravidez (mejor dicho, microgravedad). La microgravedad es ideal para la investigación científica por lo que un modulo rotatorio para una estación espacial en órbita baja no tiene mucho sentido además aumentaría enormemente el costo de dicha estación.



La gravedad artificial sería útil en vuelo tripulados prolongados, como un viaje a marte, e incluso en el caso del planeta rojo la duración es lo suficientemente corta como para prescindir de ella.

Así que, a menos que decidamos viajar a las lunas de júpiter en un futuro próximo, pasará un largo tiempo hasta que veamos sistemas rotatorios en naves espaciales tripuladas.

La radiación solar en el espacio y los peligros para los astronautas.


El Sol no es un astro estático, sino que expulsa continuamente material desde su superficie. Este flujo de partículas recibe el nombre de viento solar, aunque se trata de una denominación que puede llevar a confusión. El viento solar es en realidad un plasma, es decir, un flujo de partículas cargadas con un campo magnético asociado, lo que reviste gran importancia a la hora de analizar sus efectos en la salud. 

Está formado principalmente por núcleos de hidrógeno (protones) y helio (partículas alfa), los elementos más abundantes de nuestra estrella y del Universo. También hay una pequeña proporción de núcleos pesados, pero nada espectacular. Si fuera sólo por el viento solar, el Sol no supondría ningún peligro para los astronautas.


El problema es que el Sol escupe de vez en cuando grandes cantidades de partículas altamente energéticas. Estas “tormentas solares” reciben el nombre de Sucesos de Partículas Solares o SPE (Solar Particle Events) y su origen es bastante complejo. 

Los efectos de un SPE en el cuerpo humano son mucho peores que los ocasionados por el viento solar. Y mucho. Digamos que no te gustaría estar en el espacio exterior sin protección durante un suceso así, a no ser que quieras ser irradiado con dosis potencialmente letales. Por fortuna, los SPE son muy raros. 

Nuestra estrella emite uno o dos SPE importantes cada once años y sólo el 20% llega a afectar al Sistema Tierra-Luna. Aunque son impredecibles, el Sol tiene más probabilidades de generar un SPE cuando está cerca del máximo de su ciclo de actividad de once años. Una vez desatados, tardan entre doce horas y dos días en llegar a la órbita de la Tierra, lo que suele ser tiempo más que suficiente para alertar a los astronautas si se dispone de una red de detección adecuada.

Novedades con el asteroide interestelar Oumuamua.



Un reciente articulo publicado por los astrónomos Aaron Do, Michael Tucker y John Tonry han calculado que debería haber un cuerpo como ‘Oumuamua en el medio interestelar en un volumen cúbico de cinco unidades astronómicas de arista. Puede parecer poco pero eso indicaría que en este mismo momento habrian decenas sino cientos de objetos interestelares en el sistema solar, solo que serían muy débiles como para ser detectados por nuestros instrumentos.


Pero ¿De donde vienen tantos objetos?

Aquí nos encontramos con un problema ya que los modelos de formación del sistema solar no alcanzan a explicar la expulsión de tantos objetos al medio interestelar. Una hipótesis que está cobrando fuerza es que estos objetos interestelares podrían provenir de antiguas nubes de Oort liberadas tras la muerte de su estrella.

Cuando una estrella de tipo solar abandona la secuencia principal para convertirse en una gigante roja y, posteriormente, dejar un remanente en forma de enana blanca, los cuerpos que forman la nube de Oort dejan de estar atados gravitatoriamente a la estrella por la pérdida de masa y se pierden en el espacio interestelar.

Si ese fuese el caso Oumuamua debería presentar un mayor nivel de volatiles de lo que hemos registrado, o tal vez exista un mecanismo que permita la formación de una corteza que proteja los volátiles del interior. Solo la inspección por parte de una sonda espacial podría aclarar las dudas.

Nuestro vecindario galáctico.



Si bien no existen fronteras en la galaxia habitualmente se considera que la zona esférica con un radio de 15 años luz alrededor del sol como el vecindario galáctico. ¿Por qué 15 años luz? pues porque esa es la distancia máxima que una sonda interestelar alcanzaría en un siglo de viaje alcanzando 'solo' el 15% de la velocidad de la luz.

ESa es una velocidad considerada 'realista' y que no supondría un reto demasiado complejo para la humanidad. Es cierto es que actualmente carecemos de la tecnología para viajar a las estrellas más próximas, pero con la suficiente inversión podriamos desarrollarla en las próximas décadas.

Teniendo en cuenta que nuestra Galaxia tiene un diámetro de unos cien mil años luz, 15 años luz parece una cifra despreciable. Pero si crees que cerca del Sol sólo hay un puñado de estrellas, estás equivocado. Actualmente conocemos unas 70 estrellas situadas a menos de 15 años luz, agrupadas en 45 sistemas estelares diferentes. El número preciso cambia constantemente a medida que se refinan los cálculos de las distancias estelares y se descubren nuevos astros.

Nuestro vecindario galáctico, es muy humilde. Nada de supergigantes o exóticas estrellas de neutrones. La mayoría de estrellas vecinas, unas 61, son simples enanas rojas (estrellas de tipo espectral M), las estrellas más comunes del Universo. Cinco son estrellas de tipo K, dos de tipo solar (tipo G, Alfa Centauri A y Tau Ceti), una de tipo F (Procyon) y una de tipo A (Sirio).

¿Y que hay de los sistemas planetarios?

Las búsquedas exoplanetarias mediante varios métodos sumados a los resultados del telescopio espacial Kepler permiten establecer la probabilidad de la presencia de planetas alrededor de las estrellas más cercanas. Extrapolando estos datos, se cree que el 40-60% de estas estrellas estarían acompañadas por sistemas planetarios.

Es decir, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que a menos de 15 años luz tenemos un mínimo de 28 a 42 sistemas planetarios. Probablemente existan más.

En otras palabras existirían docenas de sistemas planetarios al alcance de una sonda interestelar que podría partir antes de finalizar el siglo XXI. Eso hace que nos preguntemos ¿Aceptará la Humanidad el reto?

Un iglú marciano.






Esta estructura semejante a un iglú es un concepto de la NASA para construir una "casa" en Marte con la menor masa posible. Esto sería muy útil para facilitar el envío de dicha estructura al planeta rojo ya que podría otorgar un elevado volumen habitable a los astronautas sin disparar la masa del recinto. Seria inflable y las paredes estarían rellenas de hielo, para la protección de la tripulación frente a las radiaciones. El hielo se halla a menos de 1 metro de la superficie en algunas zonas incluso a menor profundidad. Según la NASA este diseño de hábitat será mas ligero que el tradicional hábitat subterráneo.


¿Lo veremos en Marte alguna vez?




jueves, 16 de junio de 2016

Lunas heladas


Los nuevos datos enviados por la New Horizons permiten comparar y contrastar a las lunas heladas de plutón.

Juno ya siente con fuerza a Júpiter.



Desde su lanzamiento hace 5 años, tres fuerzas han estado tirando de la sonda Juno en su viaje a través del Sistema Solar. Al principio del viaje la Tierra estaba lo bastante cerca como para ser el cuerpo que más influencia ejercía sobre la sonda. Después ha sido el Sol el que más ha afectado a la trayectoria de Juno. Pues bien, ya se puede decir que Júpiter ha tomado el relevo y ya es el cuerpo que más influencia tiene en dirigir la trayectoria de la sonda.
Juno fue lanzada el 5 de agosto de 2011 y el próximo 4 de julio realizará una maniobra de inserción orbital con un encendido de 35 minutos de su motor principal, el cual proporcionará un cambio de velocidad de 542 metros por segundo a la nave y la dejará en órbita excéntrica del planeta gigante. La nave realizará al menos 37 grandes órbitas pasando a tan sólo 5.000 kilómetros de las nubes superiores de Júpiter investigando la región y estudiando sus auroras para aprender más sobre el origen, estructura, atmósfera y magnetosfera del planeta.

lunes, 13 de junio de 2016

La intensidad de la gravedad en la tierra no es uniforme.



Aunque es algo que esta más allá de la percepción de nuestros sentidos, que no nota la diferencia, el campo gravitatorio terrestres está lejos de ser constante en todos los lugares del planeta. Así, por ejemplo, en el sur de la India y norte del océano Indico se registran los niveles más bajos, mientras que zonas como los Andes o Indonesia es claramente más alto, aunque en niveles solo detectables por instrumentos muy sensibles situados en órbita. La causa de estas variaciones no está del todo clara, aunque posiblemente sea fruto de la irregular distribución de materia y las estructuras internas del planeta. El mapa que vemos más abajo fue realizado teniendo en cuenta los datos del satélite GOCE de la Agencia Espacial Europea.

domingo, 12 de junio de 2016

¿Que tan frecuentes son los impactos de asteroides y cometas?


Evaluemos la posibilidad de que un suceso como el impacto de un asteroide ocurra durante nuestras vidas.
Los impactos de cuerpos menores (cometas y asteroides) son muy frecuentes, como bien pueden atestiguar la mayoría de superficies planetarias y de satélites del Sistema Solar, casi todas ellas repletas de cráteres de todos los tamaños. Pero son frecuentes en términos astronómicos. Hay millones de asteroides y cometas, pero sólo una pequeña fracción poseen órbitas cercanas a al Tierra. Y de éstos, sólo un número aún menor es potencialmente peligroso.
Un asteroide más de 10 km, como el que habría causado la extinción de los dinosaurios, impactaría contra la tierra cada 100 millones de años. La humanidad tendría que tener mucha mala suerte si un evento así ocurre en las próximas décadas o siglos.

Pero no necesitamos un asteroide tan grande para causar una desgracia. Un cuerpo de tan sólo doscientos metros de diámetro sería capaz de provocar decenas de miles de muertes dependiendo del lugar del impacto.
Entonces, el verdadero peligro reside en los objetos con un tamaño de 50 a 200 metros, que son lo suficientemente numerosos para tener una frecuencia de impacto relativamente elevada, estimada en unos 200-1000 años. A lo que debemos temer no es a una colisión como la que aniquiló a los dinosaurios, sino a un suceso de tipo Tunguska. En junio de 1908, un objeto de unos 60 metros de diámetro colisionó con la Tierra sobre Tunguska, una remota región de Siberia oriental, creando una gigantesca explosión de 15 megatones. Si este pequeño asteroide hubiese impactado contra Europa occidental en vez de caer sobre Siberia habría causado una verdadera tragedia.

¿Somos demasiado optimistas en nuestra búsqueda de vida extraterrestre?


¿Somos demasiado optimistas en nuestra búsqueda de vida extraterrestre? A pesar del recuento de exoplanetas, super-Tierras y zonas de habitabilidad, la probabilidad de la existencia de vida en cualquier otro lugar del Universo se encuentra todavía en tela de juicio. Hasta la fecha, solo tenemos un ejemplo de la misma. Pero incluso si, de algún modo, existe vida en algún lugar fuera de la Tierra, ¿Qué tan diferente sería?
Las estructuras de ADN que evolucionaron aquí en la Tierra, el único lugar en el Universo en el que sabemos con certeza que la vida puede prosperar, han demostrado tener mucho éxito (evidentemente). ¿Podrían repetirse estas estructuras en otro rincón del cosmos?¿Y qué decir, entonces, si la vida en cualquier otro lugar no estuviera basada en los mismos bloques básicos? ¿Que tan diferente sería? si es que existe.
El problema actual de la astrobiología es que solo se conoce una forma de vida (la terrestre). Es por ello que no es posible estimar la probabilidad de la existencia de vida fuera de la Tierra cuando solo disponemos de un ejemplo. Es como si quisieras saber la intención de voto en un país de muchos millones de habitantes y le preguntas a solo una persona.
A pesar de que se están encontrando exoplanetas con una frecuencia casi diaria y que solo es cuestión de tiempo el encontrar un mundo rocoso similar a la Tierra, con agua líquida en su superificie, orbitando otra estrella, eso no es garantía de la presencia de vida extraterrestre, a pesar de las conclusiones a las que seguramente llegarán los titulares de los medios de comunicación.
Podría haber mil millones de planetas habitables en nuestra galaxia. Pero, ¿cuál es la relación entre habitable y habitado? De momento no lo sabemos.

Salvando a la tierra con una vela solar


Una de las formas más fáciles en las que podríamos desviar un asteroide potencialmente peligroso para la tierra, si es que disponemos de mucho tiempo (varias décadas) es utilizar una vela solar. La misma sería muy ligera y fácil de llevar hasta el asteroide, una vez anclado al mismo esta se desplegaría y provocaría un tenue impulso que lentamente sacaría al asteroide de una trayectoria potencialmente peligrosa.