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sábado, 13 de enero de 2018

Viajando al sistema solar exterior.


¿Cuáles serían los mundos más alejados para establecer una colonia humana dentro del sistema solar con la tecnología actual? 
Sin duda, la Luna, Marte o los asteroides. Pero, y si forzamos un poco la tecnología ¿Cuál podría ser el siguiente objetivo de la colonización humana en una hipotética segunda fase de expansión. Esta misma pregunta se hizo un grupo de investigadores de la NASA en 2003 y su respuesta fue… ¡Calisto! Efectivamente, la segunda luna más grande de Júpiter se convirtió de golpe en un destino prioritario para una misión tripulada en el sistema solar exterior.



Este estudio preliminar sobre la colonización de Calisto recibió el nombre de HOPE (Revolutionary Concepts for Human Outer Planet Exploration) y fue el resultado de la colaboración de un puñado de entusiastas procedentes de distintos centros de la NASA que trabajaban en el programa RASC (Revolutionary Aerospace Systems Concepts). HOPE intentó determinar los requisitos mínimos para llevar a cabo un viaje tripulado a Calisto de ida y vuelta en menos de cinco años. De acuerdo con HOPE, al menos tres astronautas vivirían durante tres meses en la superficie del tercer satélite más grande del sistema solar a partir de 2045.



Viajar a Calisto requeriría la utilización de motores electrico-nucleares, el uso de gravedad artificial y sistemas para aprovechar los recursos de Calisto (principalmente agua que seria usada para generar oxigeno y como propelente para el viaje de regreso). La duración total de la misión tripulada sería de 4,97 años, de los cuales 123 días serían en la superficie de Calisto.

HOPE tuvo una vida muy breve y nunca pretendió ser nada más que un estudio conceptual sin demasiadas aspiraciones, pero sin embargo nos invita a reflexionar sobre las limitaciones de la colonización humana dentro del sistema solar.

viernes, 12 de enero de 2018

El futuro que no fue.


Luego de que la NASA haya alcanzado la luna en 1969 la agencia planeó su futuro en el satélite natural. Para finales de los años 70 estaba previsto el envío de naves cada vez más grandes y complejas, de hasta 10 tripulantes.



Estos vehículos harían uso del hardware del programa Apolo, específicamente del saturno V, pero mejorado para permitir la realización de misiones más complejas en la superficie lunar. Como por ejemplo: misiones de 2 semanas de duración, alunizajes en regiones remotas del ecuador lunar (mayor gasto de combustible), montaje de una 'base lunar' permanente y la instalación de instrumentos astronómicos.



Lastimosamente con la llegada del hombre a la luna se evaporó el interés de la casa blanca en la exploración lunar junto a los recursos económicos. En las imágenes se observa un prototipo de Rockwell para un módulo lunar de hasta 10 astronautas.

Astronomía desde el transbordador espacial.


A principios de los años 70, la NASA barajaba las posibles misiones que se podrían hacer mediante su nuevo proyecto (por aquel entonces) el 'transbordador espacial'. Uno de los más prometedores era utilizar al Shuttle como observatorio astronómico.

Y es que construir y comandar a distancia un telescopio espacial era todavía algo bastante complicado, pero si el mismo era operado por seres humanos el desarrollo se facilitaría bastante. Básicamente, el telescopio y su conjunto de instrumentos científicos serían una carga más del transbordador. Como tal, sería operada desde un pequeño módulo ubicado en la bodega de carga del transbordador, luego de las observaciones (que durarían 3 a 4 semanas) el transbordador regresaría y todo el equipo sería reacondicionado para un vuelo posterior.

El transbordador que no pudo ser.


Durante los años 80, se tenía previsto que a mediados de los 90 vería la luz una nueva versión del transbordador espacial.

Entre las mejoras se destacan la incorporación de cohetes aceleradores líquidos, que elevarían la capacidad de carga del shuttle hasta las 35 toneladas métricas, y variaciones menores en las alas del orbitador. También se planeaba aumentar la automatización del transbordador, permitiéndole realizar misiones poco complejas sin la necesidad de ir tripulado.

Pero no pudo ser, la elevada complejidad asociada al programa como el accidente del transbordador espacial Challenger eliminaron cualquier posibilidad de ver realizados estos desarrollos posteriores.