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viernes, 26 de enero de 2018

La soledad cósmica.


Algo que abruma y entristece al mismo tiempo es el magnífico y terrorífico tamaño de nuestro universo. Las distancias son tan grandes que, en el caso de la búsqueda de vida extraterrestre, da lo mismo que haya miles de civilizaciones en nuestra galaxia. Si no están en nuestra vecindad, es como si no estuvieran.

Veamos un ejemplo: En una galaxia como la nuestra supongamos que existen hasta 100.000 civilizaciones tecnológicamente avanzadas, eso parece mucho, pero si lo distribuimos equitativamente en el volumen de la galaxia tendríamos que en promedio cada civilización estaría separada de la otra por aproximadamente 1000 años luz (eso suponiendo que todas las zonas de la vía láctea son propicias para la vida, algo que al parecer no es así)

Por lo tanto, a menos que se de una coincidencia y exista otra civilización a solo decenas de años luz, sería extremadamente difícil encontrar evidencia de formas de vida avanzadas (es decir una civilización tecnológica).

Tal vez el hecho de que, hasta ahora, no hemos escuchado nada, ni hemos visto nada es debido a que estamos solos en los alrededores. Si esto es así, es casi como decir que estamos solos, pues nos será extremadamente difícil incluso el comunicarnos con civilizaciones que estén a 1.000 años luz.

¿Pueden imaginar una conversación a 1000 años luz de distancia? Tendríamos que esperar 2000 años para una hipotética respuesta, algo como:
Tierra: Hola, ¿hay alguien allí?
Después de 2.000 años de espera…
Alien: Si, nosotros. ¿qué quieres?
Otros 2000 años para contestar.

Pero incluso si de da en el futuro un contacto de este tipo, es poco probable que sea en plan diálogo, sino algo así como dos monólogos que interactúan muy de vez en cuando. Es decir, cada civilización comienza a emitir de forma independiente lo que le pueda parecer relevante para intentar fijar un lenguaje común y después música, arte, historia, ciencias, etc.

Será desesperadamente lento pero viable.

viernes, 12 de enero de 2018

Novedades con el asteroide interestelar Oumuamua.



Un reciente articulo publicado por los astrónomos Aaron Do, Michael Tucker y John Tonry han calculado que debería haber un cuerpo como ‘Oumuamua en el medio interestelar en un volumen cúbico de cinco unidades astronómicas de arista. Puede parecer poco pero eso indicaría que en este mismo momento habrian decenas sino cientos de objetos interestelares en el sistema solar, solo que serían muy débiles como para ser detectados por nuestros instrumentos.


Pero ¿De donde vienen tantos objetos?

Aquí nos encontramos con un problema ya que los modelos de formación del sistema solar no alcanzan a explicar la expulsión de tantos objetos al medio interestelar. Una hipótesis que está cobrando fuerza es que estos objetos interestelares podrían provenir de antiguas nubes de Oort liberadas tras la muerte de su estrella.

Cuando una estrella de tipo solar abandona la secuencia principal para convertirse en una gigante roja y, posteriormente, dejar un remanente en forma de enana blanca, los cuerpos que forman la nube de Oort dejan de estar atados gravitatoriamente a la estrella por la pérdida de masa y se pierden en el espacio interestelar.

Si ese fuese el caso Oumuamua debería presentar un mayor nivel de volatiles de lo que hemos registrado, o tal vez exista un mecanismo que permita la formación de una corteza que proteja los volátiles del interior. Solo la inspección por parte de una sonda espacial podría aclarar las dudas.

Nuestro vecindario galáctico.



Si bien no existen fronteras en la galaxia habitualmente se considera que la zona esférica con un radio de 15 años luz alrededor del sol como el vecindario galáctico. ¿Por qué 15 años luz? pues porque esa es la distancia máxima que una sonda interestelar alcanzaría en un siglo de viaje alcanzando 'solo' el 15% de la velocidad de la luz.

ESa es una velocidad considerada 'realista' y que no supondría un reto demasiado complejo para la humanidad. Es cierto es que actualmente carecemos de la tecnología para viajar a las estrellas más próximas, pero con la suficiente inversión podriamos desarrollarla en las próximas décadas.

Teniendo en cuenta que nuestra Galaxia tiene un diámetro de unos cien mil años luz, 15 años luz parece una cifra despreciable. Pero si crees que cerca del Sol sólo hay un puñado de estrellas, estás equivocado. Actualmente conocemos unas 70 estrellas situadas a menos de 15 años luz, agrupadas en 45 sistemas estelares diferentes. El número preciso cambia constantemente a medida que se refinan los cálculos de las distancias estelares y se descubren nuevos astros.

Nuestro vecindario galáctico, es muy humilde. Nada de supergigantes o exóticas estrellas de neutrones. La mayoría de estrellas vecinas, unas 61, son simples enanas rojas (estrellas de tipo espectral M), las estrellas más comunes del Universo. Cinco son estrellas de tipo K, dos de tipo solar (tipo G, Alfa Centauri A y Tau Ceti), una de tipo F (Procyon) y una de tipo A (Sirio).

¿Y que hay de los sistemas planetarios?

Las búsquedas exoplanetarias mediante varios métodos sumados a los resultados del telescopio espacial Kepler permiten establecer la probabilidad de la presencia de planetas alrededor de las estrellas más cercanas. Extrapolando estos datos, se cree que el 40-60% de estas estrellas estarían acompañadas por sistemas planetarios.

Es decir, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que a menos de 15 años luz tenemos un mínimo de 28 a 42 sistemas planetarios. Probablemente existan más.

En otras palabras existirían docenas de sistemas planetarios al alcance de una sonda interestelar que podría partir antes de finalizar el siglo XXI. Eso hace que nos preguntemos ¿Aceptará la Humanidad el reto?

sábado, 31 de enero de 2015

Propulsión nuclear por pulsos: Proyecto Orión.


Después de mucho tiempo retomo el tema de los viajes interestelares y  sistemas de propulsión. Somos una especie exploradora y el espacio nos atrae. Incluso ya conocemos algunos potenciales destinos estelares. Hoy hablaremos sobre un proyecto poco conocido en la actualidad que de haber salido adelante hubiera puesto a nuestro alcance el sistema solar y probablemente las estrellas cercanas.


El proyecto Orión fue un estudio de viabilidad de propulsar una nave espacial con una serie de explosiones controladas, pero no se trataba de dinamita, TNT o algún otro tipo de explosivo, hablamos de detonaciones de armas nucleares detrás de la nave (propulsión nuclear por pulsos)

La idea de que un cohete podría ser propulsado mediante explosiones sucesivas fue propuesta primeramente por el experto en explosivos Nikolai Kibalchich en 1881, y en 1891 ideas similares fueron presentadas de forma independiente por el ingeniero alemán Hermann Ganswindt. Pero tendriamos que esperar a la llegada de la Segunda Guerra Mundial para que aparezca el artefacto explosivo definitivo: el arma atómica de fisión. 
Nikolai Kibalchich

La primera propuesta seria de utilizar armas nucleares como medio de propulsión de una nave espacial fue hecha en 1946 por Stanislaw Ulam. En 1944, este joven matemático de origen polaco trabajaba en el laboratorio de Los Álamos, Nuevo México, como parte del Proyecto Manhattan. Al igual que muchos otros científicos, la investigación de Ulam en Los Álamos se centraba en el desarrollo de la primera bomba atómica. El mismo calculó que la tremenda energía de una explosión nuclear se podía usar para propulsar algún tipo de nave espacial.
Stanislaw Ulam

Durante las siguiente pruebas nucleares él y otros científicos se habían dado cuenta que algunos elementos metálicos sobrevivían a la explosión más o menos intactos gracias al mecanismo de ablación. Si una nave estuviera equipada con una placa metálica plana que reflejase la energía de la explosión, quizás podría moverse a velocidades enormes usando explosiones atómicas. Había nacido el primer concepto de propulsión por pulso nuclear.

Pero este concepto tiene un problema, más de la mitad de la energía de la explosión nuclear se perdería en el espacio y solo una parte golpearía la placa impulsora (pulso nuclear externo). En aquellos años se pensaba que sería más eficiente contener la explosión nuclear dentro de una "cámara de combustión" nuclear y aprovechar así casi toda la energía (pulso nuclear interno). Sin embargo al detonar la bomba dentro de la cámara de combustión buena parte del impulso se anularía siendo al final mas eficiente el pulso nuclear externo.
Puso nuclear externo e interno.

Entonces a mediados de los años 50 se propuso una nave de tan solo doce toneladas con una placa de diez metros de diámetro que podría viajar por todo el Sistema Solar (hoy nos parece ciencia ficción así que imagínense como era entonces). La nave necesitaría una cantidad comprendida entre 30 y 100 artefactos nucleares de “baja” potencia para el viaje. El plasma formado por los restos vaporizados de la bomba sería interceptado por la placa, la cual transmitiría el empuje al vehículo mediante unos amortiguadores. La placa estaría formada por varios discos desechables que funcionarían como propelente. La parte más compleja era despegar desde la superficie terrestre usando explosiones nucleares, pero por aquel entonces se creía que era posible. ¿Se imaginan despegando a lomos de una bomba atómica?


Antes de continuar repasemos un poco algo de lo que ya habíamos hablado en el blog, ¿como se clasifican los sistemas de propulsión? Para ello se utilizan dos parámetros principales, el empuje y el impulso específico (Isp). El empuje es fácil de entender, no es más que la fuerza que desarrolla el motor y que acelera la nave. No hace falta ser físico nuclear para intuir que el empuje generado por una explosión nuclear sería tremendo permitiendo acelerar rápidamente (muy al contrario de los motores iónicos que tienen un empuje muy pequeño). El impulso específico (Isp) es un concepto un poco más complejo, pero básicamente es una medida de lo eficiente que es tu cohete. Cuanto mayor sea el Isp, mayor será la carga útil o la velocidad que puede alcanzar la nave. Los motores cohete de propulsión química más eficientes (como los que tenía el transbordador espacial) tienen un Isp de unos 430 segundos. Los motores que emplean propulsión nuclear térmica, como el que la NASA pretende usar para ir a Marte, podrían alcanzar un Isp de unos 1000 segundos. Orión prometía llegar a diez mil segundos, quizás hasta un millón.

Uno de los problemas de nuestra tecnología espacial actual es que no tenemos un sistema que cumpla con ambas condiciones. Por un lado tenemos motores muy eficiente pero con un muy bajo empuje (motores iónicos) y por otro están los motores con empujes muy altos pero poco eficientes (motores químicos convencionales) Orión tenia ambas cualidades y eran superiores por goleada.

El motor de pulso nuclear Orión combina una muy alta velocidad de viaje de 19 a 31 km/s (atípica en los viajes espaciales) y meganewtons de empuje. Pero Orión tenía un grave inconveniente, mucho mas grave que las dificultades tecnológicas y es que para ser un proyecto que utilizaba tecnologías desarrolladas por el ejercito, muchas de las cuales eran alto secreto, Orión no parecía tener ninguna aplicación militar interesante. Así que a partir de 1961, el secretario de defensa de la administración Kennedy, Robert Mcnamara, rechazó financiar el Proyecto Orión como cualquier cosa que no fuese un mero estudio de viabilidad. Sólo quedaba la NASA como única opción de financiación. La agencia espacial mostró un interés moderado en el proyecto. Orión podría revolucionar los viajes espaciales, sí, pero también suponía una amenaza al recién nacido Programa Apolo. 


Para 1965, el año que el proyecto fue oficialmente cancelado, el equipo de la Orión, había conseguido lo inimaginable. Aunque parezca increíble, demostraron que la nave de pulso nuclear era viable. La efectividad del diseño dependía del tamaño de las bombas de fisión empleadas, lo que a su vez definía el tamaño de la placa protectora. Se crearon dos versiones de estudio, una con una placa de diez metros de diámetro y otra de veinte metros. La primera podría servir para viajes a la Luna o a Marte, mientras que la segunda permitiría alcanzar Saturno antes de 1980.
Pruebas del proyecto Orión, se demostró la viabilidad de la propulsión por pulsos.
La placa propulsiva tendría que soportar temperaturas de entre 15000 y 30000 K (la superficie del Sol está a casi 6000 K), aunque sólo durante tres milésimas de segundo, lo que permitiría que se pudiese fabricar con aleaciones convencionales de acero o aluminio. Igualmente, el pulso de rayos X proveniente de la explosión sólo duraría unos nanosegundos. Gracias a un ingenioso sistema de varios amortiguadores en serie, se podría limitar la aceleración sufrida por la tripulación a menos de 1 o 2 g.

Posteriormente fue refinado el diseño y se estudiaron las capacidades teóricas de dichas naves, abajo podemos ver las capacidades comparadas entre dos versiones de la Orión y el cohete saturno V.

Naves
Orión interplanetaria
Orión interplanetaria avanzada
Saturno V
Masa de la nave
4000 T
10.000 T
3000T
Diámetro de la nave
40 m
56 m
10 m
Cantidad de bombas
800
800
-
Potencia de las bombas
0,14 kt
0,35 kt
-
Carga útil a la órbita terrestre
1.600 T
6.100T
120T
Carga útil a la superficie de la luna
1.200 T
5.700T
15T
Carga útil en un viaje de ida y vuelta a  Marte
800T
5.300T
-
Carga útil en un viaje de ida y vuelta a  Saturno
150T
1.300T
-

Y que aplicaciones podríamos darle a semejante nave espacial. Una nave con la performance de la Orión podría abrir el sistema solar a la humanidad, permitiendo viajes cortos y con una gran capacidad de carga útil, y si decidimos enviar naves no tripuladas los requisitos son menores para estos viajes.

Se podría llegar a marte en un mes, mandar expediciones tripuladas de más de 20 personas a las lunas de jupiter, la version avanzada podria poner a una expedición tripulada en orbita de saturno en poco más de dos años. No habría rincon del sistema solar que no estuviera al alcance de la Orión. Todo ello, no lo olvidemos, usando tecnología disponible a finales de los años 60.

Viajes a Marte



Viajes al sistema de Jupiter.
Exploración de saturno.
¿Y que del viaje interestelar? Aunque Orión era una nave de ensueño para viajar por el sistema solar, seguia siendo una nave lenta para alcanzar otras estrellas, aun así se estudio la viabilidad de realizar un viaje interestelar con la Orión. Una versión tradicional debería ser mucho más grande (20 kilometros) y permitiria alcanzar una velocidad de 1000 km/s (un 0,33% de la velocidad de la luz) lo que le permitiría alcanzar la estrella más cercana (Alpha Centauri) en poco más de 1300 años. Sigue siendo mucho pero si recordamos que con las naves actuales tardaríamos entre 80 o 90 mil años es un avance significativo.

Pero un diseño avanzado de la Orión, con placas protectoras recubiertas con material ablativo que disipen del calor de una forma mucho más eficiente podría alcanzar un fantástico 3,3% de la velocidad de la luz (alrededor de 10.000 km/s) con esta velocidad el viaje a la estrella más cercana duraría solo 133 años y sería necesaria una nave de "solo" 100 metros de diámetro. 


“Marte en 1965, Saturno en 1970”, decía Freeman Dyson (un investigador que había trabajado en el proyecto y que sería el principal defensor de Orión durante las siguientes décadas.) cuando se refería a las posibilidades del Proyecto Orión, un proyecto que podría haber revolucionado la historia y cuyo coste estimado era similar al del Programa Apolo.
Freeman Dyson
Muchos han refinado el diseño de Orión con el paso de los años, variando los materiales empleados y el tipo de bomba utilizado, Se ha sugerido utilizar bombas de fusión (más eficiente que las de fisión) y recientemente se ha propuesto el uso de bombas de fisión “enriquecidas” con antimateria para mejorar la eficiencia del diseño, aunque se trata de una propuesta que supera nuestras capacidades tecnológicas actuales. En los años 80, Carl Sagan declaró que Orión sería el mejor uso que se le podía dar a los miles de armas nucleares que existen sobre nuestro planeta.



Con el paso de los años el proyecto Orión fue olvidado, y en muchas de las obras, websites, blogs y demás medios que hablan sobre el viaje espacial apenas se habla del mismo. Pero no nos olvidemos que la propulsión nuclear por pulsos es la única forma de propulsión avanzada que nos permitiría recorrer todo el sistema solar utilizando tecnología ya existente. Algún día quizás.

domingo, 25 de noviembre de 2012

La ecuación del cohete.


El vuelo espacial no es nada fácil, eso lo sabe casi cualquiera. Utilizando complejos vehículos que muchas veces no son más que prototipos la humanidad explora el cosmos, pero muchos de sus miembros ignoran por completo las leyes universales que rigen sus movimientos. Esta entrada no profundizará sobre los aspectos más "técnicos" del viaje espacial, simplemente es mi intención tratar de explicar de la forma más sencilla posible algunos de los conceptos más básicos. Y que mejor inicio que la ley fundamental que rige el viaje espacial, la ecuación del cohete de Tsiolkovski.

Pero antes de hablar de ella conozcamos a sus variables empezando por la principal la conocida "delta-V" (Δv).

Llamamos delta-v al cambio de velocidad que debe experimentar un vehículo para llegar a un destino en el sistema solar. Es una manera de medir el "esfuerzo" necesario para cambiar una trayectoria por otra haciendo una maniobra orbital. Tiene la misma definición de variación de velocidad en mecánica, es decir velocidad final menos velocidad inicial (ΔV =Vf - Vo) pero lo veremos mejor con un ejemplo.

Si un cohete se encuentra en la superficie de la tierra consideremos que su velocidad inicial es Cero (0), para que el cohete alcance la órbita terrestre le es necesario "cambiar su velocidad" de 0 a unos 8 Km/s, es decir que su velocidad final sea de 8 kilómetros por segundo. Si aplicamos la formula antes vista (ΔV =Vf - Vo) vemos que ΔV =8,2 - 0, lo que nos da una delta-V de 8,2 Km/s.
Distintos objetivos en el sistema solar junto con la Delta-V necesaria para alcanzarlos.
En otras palabras alcanzar la órbita de la tierra cuesta 8,2 Km/s, esto es a manera de ejemplo ya que se requiere una Delta-V de 9,3 km/s para llegar a la órbita baja (la velocidad orbital es de unos 8 km/s, pero tenemos que tener en cuenta la energía necesaria para vencer el campo gravitatorio terrestre, de ahí la discrepancia en las cifras). Nuestro cohete sea del tipo que sea necesita alcanzar esa delta-V para llegar a la órbita. Se puede decir que la delta-V es como un medidor de distancias en el sistema solar (solo que en términos de cambios de velocidad).
Nave marciana de la NASA.
Si digo que un viaje a Marte de un tipo en particular tiene una ΔV de 10,4 Km/s, significa que mi cohete/nave espacial debe llevar el suficiente propergol (combustible más oxidante) para realizar ese cambio de velocidad. Podemos observar entonces que la dificultad en alcanzar un cuerpo del Sistema Solar no depende de la distancia, sino de la energía necesaria para realizar las maniobras orbitales.Por eso se mide el coste de una misión en términos de los cambios de velocidad necesarios para llegar al objetivo.

Continuando con el ejemplo, viajar desde la órbita baja terrestre (LEO) hasta la órbita marciana necesitamos una delta-v de solo 4,1 Km/s, es decir que ir a marte desde la órbita necesita menos gasto de combustible que despegar del suelo. Poco importa que la órbita baja esté a unos cientos de kilómetros mientras que Marte se encuentre a muchos millones de kilómetros. Esto se debe al poderoso pozo gravitatorio de la tierra.
Pozo gravitatorio de diversos cuerpos del sistema solar.

Pero volvamos a la ecuación del cohete, ahora vemos que la misma expresa la delta-v en términos del cohete.

Donde

es la masa total inicial.

la masa total final

la velocidad de los gases de salida con respecto al cohete (impulso específico).

La hace referencia a la masa inicial formada en su mayor parte por el combustible. Esta variable es directamente proporcional a la delta-V, es decir cuando es más grande mayor será nuestra Delta-v. Por eso construimos cohetes gigantes para alcanzar grandes cambios de velocidad.
Futuro cohete SLS de la NASA, para alcanzar una gran Delta-V una opción es construir cohetes más grandes.
La se refiere a la masa final, es decir a la carga útil más el cohete vacío Como vemos es inversamente proporcional es decir al aumentar la masa final disminuye nuestra delta-v y viceversa El truco consiste en reducir lo más posible nuestra masa final y una de las formas de hacerlo es construir cohetes con varias etapas para hacerlo más liviano (la desventaja de esto es que vuelve más complejo al vehículo y por ende más costoso). 
Construimos los cohetes por etapas para minimizar la masa final y así obtener una mayor delta-V.
Por último la velocidad de escape de los gases , se mide por el impulso específico (es el período en segundos durante el cual 1 kg de masa del propergol producirá un empuje de 1 kg de fuerza) esto depende de la eficiencia de nuestro motor cohete y/o del tipo de combustible empleado. también es directamente proporcional a la delta-V, por lo que si queremos elevarla utilizamos cohetes mucho más eficientes como los criogénicos, o los iónicos.
Nave térmica-nuclear, la utilización de nuevos sistemas de propulsión más eficientes permitirá obtener una mayor Delta-V. 

Propuesta de nave de propulsión eléctrica de la General Electric de finales de los años 60 con gravedad artificial .

aquí debemos hacer una pausa y explicar la diferencia entre impulso específico y empuje. El primero se refiere a lo eficiente que es un cohete y el segundo a la aceleración experimentada por el funcionamiento del mismo. Son dos términos independientes, ya que existen motores con un muy alto empuje pero bajo rendimiento (cohetes químicos) y  los hay de bajísimo empuje con alto rendimiento (moteres iónicos). 



domingo, 28 de octubre de 2012

Destinos estelares

Planetas extrasolares.
Si la humanidad intentará alguna vez surcar el oscuro vacío entre las estrellas, deberá hacerlo con la certeza de encontrar un destino, un mundo habitable. A medida que se perfeccionen nuestras capacidades de detección astronómica es muy probable que la lista de planetas potencialmente alcanzables por nuestra tecnología se incremente. veamos pues cuales son (actualmente) los principales objetivos de un viaje interestelar.

Existen 59 sistemas estelares conocidos a menos de 20 años luz de la tierra, conteniendo en total a 81 estrellas. No sabemos si todas tienen planetas, otras aunque no los tengan pueden ser interesantísimos objetivos científicos. La siguiente desde luego no es una lista completa y podría ampliarse en el futuro.


Potenciales destinos de un viaje interestelar.


I-Alpha Centauri

Se encuentra a unos 4,3 años luz (4,2 en el caso de próxima centauri) siendo el sistema estelar más cercano a la tierra. Está formado por tres estrellas, alpha centauri A (tipo G2) una estrella muy similar al sol, la anaranjada- amarillenta alpha centauri B (tipo K1) y una enana roja de tipo M5 (próxima centauri). 

Además de tener la posibilidadad de explorar tres distintos tipos de estrellas, se ha confirmado muy recientemente la existencia de un planeta orbitando alpha centauri B, el mismo posee alrededor de 113% la masa de la tierra y describe una órbita a 6 millones de kilómetros de la estrella, estimandose una temperatura superficial de 1200ºC, muy caliente como para ser habitable.
Planeta descubierto en el sistema Alpha Centauri.
No se descarta la existencia de otros planetas alrededor de estas estrellas, pero al encontrarse frente a la Vía láctea al observarlas desde la tierra, se dificulta el obtener medidas precisas.

Al encontrarse más cerca, y poseer planetas es evidente que este sistema triple es un objetivo primario de cara a un vuelo interestelar, los demás objetivos quedan más lejos.




II- La estrella de Barnard

Es una pequeña y poco luminosa estrella enana roja (tipo M5) es la siguiente más cercana al sol, y se encuentra a 5,9 años luz. Esta estrella ha sido muy estudiada, más que otras enanas rojas, por la posibilidad de que pudiera tener planetas, ninguno descubierto hasta el momento. 

En esta estrella aparentemente se estan produciendo descomunales llamaradas solares como las que fueron detectadas desde la tierra en 1998. Fue originalmente el destino del Proyecto "Dedalo" para enviar una sonda interestelar.

III- Sirio
Sirio A y Sirio B.
La estrella más brillante desde los cielos oscuros de la tierra en el siguiente objetivo. Ubicada a unos 8,7 años, nos encontraremos con una grande y muy brillante estrella blanca de tipo A1, se encuentra acompañada de Sirio B la estrella enana blanca más cercana al sistema solar. La posibilidad de estudiar los restos de una antigua gigante roja serian motivo suficiente como para enviar un explorador robótico.
Órbita de Sirio B.

IV- Epsilon Eridani

Una estrella ubicada a 10,8 años luz de nosotros, más anaranjada, fría y pequeña que nuestro sol.
Comparación de tamaños entre el Sol (derecha) y Épsilon Eridani (izquierda)

Esta una estrella muy joven, posee dos cinturones de materiales uno a la distancia de nuestros cinturón de asteroides y el otro a una distancia similar a la nube de Oort.
Comparación de los cinturones de Épsilon Eridani con nuestro sistema solar


 En el año 2000 se confirmó la presencia de un planeta (Epsilon Eridani b), el cual aparenta estar limpiando de restos los alrededores de su órbita, demás las perturbaciones observadas en los cinturones hacen sospechar la existencia de otros nuevos planetas Épsilon Eridani c y Épsilon Endriani e.
Épsilon Eridani B
Todo un sistema solar cuyo proceso de formación no ha terminado. 


V-Tau Ceti

Una solitaria estrella de tipo G8 ubicada a unos 11,8 años luz de distancia, sus características la hacen candidata a tener un sistema planetario.
Nube cometaria.
En 2004 se descubrió que esta estrella posee aproximadamente 10 veces la cantidad de cometas que el sol, si existen planetas es muy probable que se vean sometidos a un intenso bombardeo cometario que limite las formas de vida, aunque un planeta gigante gaseoso podría proteger a los mundos internos.
La gran cantidad de cometas podría ser un impedimento para formas de vida superiores.

VI- Gliese 581

Incluyo a Gliese 581 (se pronuncia glise) debido a que posee a los primeros y más cercanos mundos potencialmente habitables conocidos (hasta ahora).
Comparación de tamaños entre el Sol (izquierda) y Gliese 581 (derecha)
Ubicada mas lejos, a 20,3 años luz se encuentra esta enana roja con al menos 4 planetas, quizás 6, orbitandola. Los planetas Gliese 581 g y Gliese 581 d se hallan en la zona habitable de su estrella, lo que los vuelve potencialmente colonizables. Dichos mundos se hallan a pocos millones de kilómetros de su estrella madre, pero al ser la misma una fría enana roja, la zona donde podría existir el agua liquida también se encuentra mucho más cerca. 


Estos son solo algunos de los potenciales objetivos para un viaje interestelar, como mencioné anteriormente al irse aumentando la sensibilidad de nuestros instrumentos es más que probable que la lista se vaya incrementando. En una próxima entrada hablaré acerca de como podríamos visitar a estos destinos estelares.