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lunes, 19 de febrero de 2018

Planeando el regreso a Saturno. Parte IV


Volviendo a lo grande.

Anteriormente hemos hablado de las propuestas más 'realistas' para volver a Saturno. Pero ¿Y si queremos enviar una sonda más avanzada que la Cassini? Desde el punto de vista científico sería lo ideal. Aunque los presupuestos no son muy esperanzadores, aun así veamos a la más firme propuesta para regresar al reino de Saturno por todo lo alto.

Suponiendo que el dinero no fuera un problema, lastimosamente si lo es, lo mejor ería enviar una misión del tipo Flagship. Las misiones de este tipo, como la Cassini, son las más caras (por encima de 3000 millones de dólares) pero son las más rendidoras y seguras para explorar los planetas exteriores. La propuesta más prometedor es una misión conjunta de la NASA y la ESA, llamada Titan Saturn System Mission (TSSM).

TSSM usaría un enfoque similar a la misión Cassini-Huygens. Es decir, tendríamos una sonda principal para Titán y el sistema de Saturno (Titan Orbiter, una especie de Cassini II pero con tecnología del siglo XXI), construida por la NASA, junto a dos subsondas europeas. Una subsonda consistiría en un aterrizador destinado a investigar los “lagos titánicos” y otra sería un globo. El globo sería más concretamente una montgolfiera, pues usaría aire caliente para flotar.

El orbitador de la NASA tendría una masa total de 6203 kg e incorporaría un radar para cartografiar la superficie de Titán con una resolución de 50 m, frente a los 500 m de Cassini. Antes de entrar en órbita alrededor de Titán, el Titan Orbiter realizará 16 sobrevuelos de Titán y 7 de Encélado. La órbita final se lograría gracias al uso de aerofrenado.

El lander, de 190 kg, tardaría 6 horas en descender a través de la atmósfera y podría aguantar hasta 3-4 horas flotando en las frías aguas (¿o sería “metanaguas”?) de los lagos del hemisferio boreal (72º latitud norte) analizando sus características. El globo, de 10,5 m de diámetro y 571 kg, flotaría a una altura de 10 km y funcionaría de seis a doce meses (!!!). Estudiaría las zonas situadas a 20º N, obteniendo imágenes con una resolución de 10 m. Tanto el orbitador principal como el globo usarían RTGs (en este caso, el calor de los radioisótopos también servirá para calentar el aire), mientras que el lander haría uso de baterías (el uso de paneles solares a la distancia de Saturno no es una opción).

La sonda tardaría 9 años en llegar a Saturno (una de las desventajas de esta misión). La principal novedad consiste en el uso de una etapa SEP (Solar Electric Propulsion), que impulsará la sonda mediante propulsión iónica durante cinco años y evitará el uso de asistencias gravitatorias. La SEP usará dos paneles solares similares a los de la nave Orión. El Titan Orbiter tendría un coste de 3700 millones de dólares. El explorador de los lagos de la ESA no debe superar los 650 millones de euros y el globo correría a cargo del CNES francés.

El orbitador también llevaría instrumentos para estudiar el océano de encélado, al pasar varias veces a través de los chorros de agua de está luna. De esta manera la misión estudiaría a fondo los mundos oceánicos más accesibles del sistema solar exterior.

De momento esta misión no ha sido aprobada y nada indica que lo será en un futuro próximo.

viernes, 9 de febrero de 2018

Explorando los mares de Titán.


Mandar un submarino a Titán, la gran luna de Saturno, es una idea recurrente desde que se confirmó la existencia de lagos y mares en esta luna. Se han propuesto decenas de diseños de submarinos y barcos para surcar los mares de Titán, pero la más audaz viene de la mano del Instituto de Conceptos Avanzados (NIAC) de la NASA. A diferencia de proyectos anteriores que sugerían pequeñas naves, el NIAC propone con una sonda de gran tamaño, de casi una tonelada, que pueda recorrer en 90 días dos mil kilómetros.

El objetivo del submarino sería lógicamente el Kraken Mare, el mayor mar de Titán. La sonda usaría generadores termoelectricos de radioisótopos (RTG) para proporcionar hasta 1 kW de electricidad a los sistemas de la nave, pero los mayores desafíos tecnológicos son aquellos derivados de las comunicaciones y el control de la misión. Obviamente, es imposible dirigir en tiempo real desde la Tierra una sonda situada a 1500 millones de kilómetros, así que es necesario incluir avanzados sistemas de navegación autónoma así como garantizar una comunicación estable con la tierra, preferentemente a través de un orbitador.

El problema de un submarino en Titán es que la baja densidad de los mares de esta luna repercute negativamente en su flotabilidad. Si, por ejemplo, los mares son de metano puro su densidad sería de 450 kg por metro cúbico, menos de la mitad de la del agua. Otro problema sería el aislamiento del submarino y la evacuación del calor extra producido por los generadores nucleares.

Ahora bien, ¿cómo trasladar esta enorme sonda hasta allí? Habría que introducir el submarino en un pequeño transbordador espacial similar en dimensiones al X-37B del Pentágono, para garantizar la suavidad y precisión del aterrizaje. Es decir, estaríamos ante una sonda gigantesca para los parámetros actuales.

Una misión de este tipo solo sería posible durante el verano del hemisferio norte de Titán. Por lo tanto, y teniendo en cuenta que las estaciones en este satélite duran 29,5 años, no podría llevarse a cabo hasta 2040 aproximadamente.

martes, 23 de enero de 2018

Planeando el regreso a Saturno. Parte III




La misión 'Ocean Worlds'.

Esta es la gran esperanza entre todas las sondas candidatas para regresar a saturno y probablemente se convierta desde ya en la misión favorita de muchos de los aficionados a la exploración del espacio. La misión Ocean Worlds debe estudiar dos de los mundos más fascinantes del sistema solar: Titán y Encélado.

Cómo hacerlo no está muy claro, así que es de esperar que en los próximos meses y años veamos diseños más depurados. Pero básicamente consistiría en una capsula de descenso para Titán transportando posiblemente un 'barco'. de esa manera podrá investigar la atmósfera y los mares de metano de Titán.

Lastimosamente al ser necesaria una cápsula de descenso se complica y encarece la misión, pero, por fortuna, para analizar la composición del océano global que posee Encélado en su interior solo es necesario atravesar los famosos chorros que salen del polo sur de esta luna. La sonda determinaría la habitabilidad del océano analizando su composición y su ph, así como la proporción de los isótopos del hidrógeno. Además intentaría averiguar si existe vida en el océano mediante la búsqueda de aminoácidos y otras biomoléculas.

Una misión fascinante, que antes del final de la próxima década podría estar mandando datos desde saturno. El único problema que tiene para salir adelante es que la misión, al ser tan compleja, probablemente exceda el presupuesto de una sonda de tipo New Frontier (Aprox. 800 millones de dólares) por lo que podría ser cancelada. 

lunes, 22 de enero de 2018

Planeando el regreso a Saturno. Parte II


Una de las opciones más sencillas con la que podríamos regresar en breve a Saturno es con una sonda para el estudio de su atmósfera. 

Aunque conocemos la composición de las atmósfera de Saturno, no sabemos a ciencia cierta cuáles son las abundancias relativas de los gases que la forman ni las proporciones isotópicas de los mismos. Tampoco está muy clara su estructura vertical. Una sonda que descienda a través de la atmósfera de Saturno podría aclarar todos estos misterios y nos proporcionaría datos fundamentales del origen del sistema solar. La sonda consistiría en una cápsula de descenso y una nave principal que sobrevolaría Saturno y retransmitiría los datos de la cápsula a la Tierra.

Esta misión permitiría complementar los hallazgos de la misión Cassini en Saturno y de la sonda Galileo en la atmósfera de Júpiter. Además la vista de los cielos azules de Saturno con sus anillos sería memorable. Pero esta sonda lo tiene bastante complicado para salir adelante ya que se hace difícil justificar el alto costo de la misión y el largo tiempo de vuelo (varios años) para una vida útil operativa de solo unas pocas horas. La entrada atmosférica y el descenso son maniobras arriesgadas.

Continuará...

domingo, 14 de enero de 2018

Planeando el regreso a Saturno. Parte I


Ahora que la sonda Cassini se ha ido vale preguntarnos ¿Cuándo regresaremos al planeta anillado? Pues la respuesta simple y directa es, como mínimo 20 años (y eso con suerte). Analicemos la situación.

Suponiendo que el dinero no fuera un problema, lastimosamente si lo es, lo mejor sería enviar una misión del tipo Flagship. Las misiones de este tipo, como la propia Cassini, son las más caras (por encima de 3000 millones de dólares) pero son las más rendidoras y seguras para explorar los planetas exteriores. Esto es así porque para explorar el sistema solar más allá de júpiter es necesario una sonda robusta, preferentemente alimentada con energía nuclear, con múltiples sistemas redundantes, protegida contra las intensas radiaciones y bajas temperaturas. Además debe llevar mucho combustible para que, al final, pueda transportar muchos instrumentos científicos.

El problema es que la NASA solo puede permitirse una sonda de este tipo por década, y la siguiente ya fue elegida, la Europa Clipper, que estudiará Júpiter en gran detalle durante la próxima década. ¿Eso significa que la siguiente le tocará a Saturno? Pues, no.

El principal inconveniente para que las siguientes sondas de tipo Flagship sean enviadas a Saturno es que existen muchos otros destinos interesantes que aun no han sido investigados. Es un secreto a voces que para la futura gran misión al sistema solar exterior, la NASA ya se ha decidido a explorar a los gigantes de hielo, es decir: Una sonda a Urano o Neptuno. Misión que podría despegar a principios de la década de 2030.

Esto hace que la próxima oportunidad para enviar una gran sonda compleja a Saturno se daría recién después de la sonda a Urano/Neptuno, lo que ocurriría a finales de los años 2030, llegando a su destino a finales de los años 2040. Esto hace que el tan esperado regreso a saturno se daría en aproximadamente 30 años.

Por supuesto, esto puede cambiar por el camino de varias forma. Se podría aumentar el presupuesto de la NASA, así la agencia podría desarrollar varias sondas complejas en paralelo. Claro, pedir que los políticos se interesen por la exploración espacial de la noche a la mañana es mucho pedir. Veamos otras alternativas más realistas.

Se podría explorar Saturno con sondas menos complejas, como las New Frontier (aproximadamente 800 millones de dólares) pero el retorno científico sería limitado. Son ejemplos de sondas de este tipo la New Horizons (Plutón), Juno (Júpiter) y Osiris-Rex (retorno de muestras de un asteroide). Lo que no ayuda es la gran distancia de Saturno, por lo que el tiempo de vuelo será prolongado, cerca de 9 años, y la masa disponible para los instrumentos científicos sería bastante limitada, lo que a su vez dificultaría que una sonda de este tipo sea aprobada (mejor enviarla a otro destino donde el retorno científico sea superior)

También se han propuesto misiones muy simples, de tipo Discovery (450 millones de años), pero serían todavía más difíciles de sacar adelante con un presupuesto tan bajo.

En las siguientes entradas hablaré sobre las propuestas más interesantes para regresar al maravilloso reino de Saturno.

La tecnología del ayer.


La sonda Cassini fue una sonda que utilizaba tecnología de los años 80 y principios de los 90. Aun así, los ingenieros que la construyeron, se esforzaron al máximo para sacarle todo el potencial que tenían los instrumentos científicos. Por ejemplo las fotografías del vórtice en el polo norte de saturno, poseen tal nivel de detalle que pocos se imaginarían que las cámaras utilizaban un sensor CCD con una matriz cuadrada de tan solo 1.024x1.024 píxeles. Hoy en día casi cualquier teléfono posee una cámara con una resolución muy superior, por lo que es una verdadera lástima que a día de hoy no exista un relevo para esta sonda.

sábado, 13 de enero de 2018

Volviendo a Saturno mediante el poder del átomo.


Recientemente se ha presentado una propuesta de sonda para el estudio de Saturno, Encélado y Titán con un reactor de 1 kW de potencia eléctrica. Los paneles solares de la parte inferior alimentan una etapa desechable de propulsión solar eléctrica (SEP) con motores iónicos o de plasma.

El reactor permanecería inactivo hasta después del último sobrevuelo de la Tierra, eliminando así cualquier riesgo de contaminación de nuestro planeta. Una vez en Saturno la sonda estudiaría el sistema durante quince años, realizando numerosos sobrevuelos de Titán y Encélado, durante los cuales se soltaría una sonda de aterrizaje y un globo en Titán.

El uso del reactor permitiría usar todos los instrumentos de la nave al mismo tiempo, aumentando enormemente la recolección de datos. Ahora, el principal obstáculo para que este u otros bonitos proyectos similares vean la luz es económico. Y es que ninguna tecnología se consigue gratis.

Los colores de los anillos de Saturno.


Aunque Cassini se ha ido y nos ha dejado toneladas de datos por analizar. Tomaremos muchos años en hacerlo y seguramente muchos otros descubrimientos de la desaparecida sonda saldrán a la luz. Un ejemplo de ello son estas preciosas vistas de los anillos de Saturno.


Para realizar esta composición se utilizaron imágenes obtenidas el 9 de mayo de 2007 para la zona oscura de los anillos, mientras que para la zona iluminada se utilizaron datos del 10 de mayo de 2014. Esto es así ya que al lo largo del tiempo ha variado la posición de los anillos de saturno con respecto al sol. Todas las fotografías se captaron con filtros para el rojo, el verde y el azul. Es, hasta ahora, la representación cromática mas fiel que tenemos sobre la fascinante estructura anular de Saturno.

La antigüedad de los anillos de Saturno.


A pesar de que es una de las características más estudiadas del sexto planeta, nadie sabe realmente la edad de los anillos de Saturno. 

La sonda Cassini llevó nuestro conocimiento sobre esta extraordinaria estructura planetaria hasta otro nivel, mostrando hasta que punto es compleja, delicada y dinámica, desvelando facetas de su naturaleza que eran desconocidas hasta ahora. Sin embargo su edad exacta, si son tan antiguos como el planeta mismo, quizás restos de su formación, o algo reciente (a escala cósmica, claro está), quizás por la fragmentación de una luna, sigue sin estar clara, y ambas hipótesis han tenido sus respectivos momentos de preponderancia.

Durante las últimas órbitas de Cassini alrededor de saturno, se pudo recoger datos mucho más precisos sobre la masa de los anillos, esto es importante porque, dependiendo del valor obtenido, se podría favorecer a una de las dos hipótesis. Se espera que luego de analizar estos datos, algo que podría tomar meses o años, estemos más cerca de explicar tanto el origen como la edad de esta maravillosa estructura planetaria.

viernes, 12 de enero de 2018

Una libélula en Titán.



Desde que fue anunciada como finalista para ser la próxima misión New Frontier de la NASA, el pasado 20 de diciembre, la DragonFly (Libélula) se ha ganado el corazón de todos los espaciotrastornados y se ha vuelto la favorita de todo el mundo.

Sin lugar a dudas lo que más llama la atención es presentar algo nunca visto hasta la fecha, un helicóptero diseñado para surcar los anaranjados cielos Titán, la mayor luna de Saturno.

Básicamente consiste en un módulo de superficie equipado con ocho rotores que le permitirían, una vez concluidos los análisis, despegar de una zona para desplazarse a otra.


Sacando partido de su densa atmósfera, Dragonfly, equipado con un generador termoeléctrico de radioisótopos o RTG, podría recorrer Titán durante años, cubriendo decenas o centenares de kilómetros, examinando hasta donde llegó la química biótica en este mundo gélido, e incluso asomándose a sus lagos y mares si aterrizara lo suficientemente cerca.

Si fuera finalmente la elegida despegaría a mediados de la próxima década, y llegaría a la anaranjada luna de Saturno en 2034.

Buscando una nueva oportunidad.



Aunque no fue seleccionada como finalista para ser una nueva sonda New Frontier, la NASA reconoce los méritos de la propuesta ELSAH, y otorgará fondos para que el equipo de esta misión sigan desarrollando su concepto de cara a una próxima convocatoria, algo que no vamos a ver hasta dentro de bastantes años.

ELSAH (Enceladus Life Signatures and Habitability) es una sonda destinada a buscar vida en Encélado, un objetivo realmente fascinante. Entonces ¿Por qué no fue seleccionada? Pues la NASA consideró que ELSAH era una misión muy ambiciosa y, hasta cierto punto arriesgada (empleo de paneles solares a la distancia de Saturno) como para mantenerse dentro del presupuesto de una sonda tipo New Frontier.

Explorar Saturno y Encélado minuciosamente probablemente requiera de una sonda más cara, de tipo Flagship (hasta 3000 millones de dolares) pero la NASA solo puede permitirse una sonda de este tipo por década. En otras palabras no veremos una sonda en Encélado durante mucho, mucho tiempo.

jueves, 18 de febrero de 2016

Viajando a los planetas gigantes


¿Podemos enviar expediciones tripuladas a los planetas gigantes?
Aunque en un principio pudiera parecer que enviar seres humanos a júpiter y saturno está fuera de nuestras capacidades tecnológicas actuales, lo cierto es que sabemos muy bien que tecnologías necesitamos para realizar un viaje de estas características (aparte de disponer de un generoso presupuesto).

Una travesía a los planetas gigantes duraría varios años, 4 a 5 como mínimo por lo que nuestra nave interplanetaria deberá contar con un modulo de aceleración centrípeta el cual produciría una gravedad artificial que evitaría muchos de los problemas asociados a las prolongadas estancias en micro gravedad. 

La nave deberá disponer de sistemas de soporte vital más avanzados que los que actualmente dispone la estación espacial internacional, reciclar el agua, depurar el aire y probablemente los astronautas deberán cultivar su comida para reducir la masa total de la nave. 

Ningún motor con combustibles tradicionales seria capaz de semejante hazaña por lo que un motor térmico-nuclear o eléctrico-nuclear será necesario. Una ventaja que tienen los planetas gigantes es que sus densas atmósferas podrían utilizarse para frenar a nuestra nave espacial sin necesidad de usar combustible tan solo usando un escudo en el frente de la nave, ya tenemos prototipos de dispositivos de aerocaptura, pero es una tecnología que debe refinarse más. 

Por último debemos desarrollar mejores y más eficientes protecciones contra la radiación del medio espacial, probablemente sistemas activos que generen poderosos campos magnéticos serian una buena solución, se espera tener prototipos de esta tecnología en los próximos años.




sábado, 26 de enero de 2013

Titán: un mundo fascinante


Descubierta en el año 1655, Titán es la mayor de las 62 lunas de Saturno. Titán es la única luna del sistema solar con una atmósfera densa y cuerpos líquidos estables en su superficie.

El medio ambiente de Titán es mortal para la vida humana, con una atmósfera tóxica que consiste principalmente de nitrógeno y metano. La temperatura de la superficie es de menos 179 grados ºC).


Titán posee unos 5.150 kilómetros de diámetro, es la segunda luna más grande del sistema solar, una vez y media el tamaño de la Luna de la Tierra. Titán es más grande que el planeta Mercurio y es tres cuartas partes del tamaño de Marte. 

En 2005, la sonda Huygens reveló que la superficie de Titán es un desierto de hielo de agua e hidrocarburos congelados. A pesar de su falta de agua líquida, algunos científicos creen que Titán podría albergar algún tipo de vida, si no es ahora tal vez en el futuro lejano, cuando aumente el calor del sol.

Una lluvia de etano y metano líquidos cae para formar lagos, haciendo de Titan el único planeta o luna aparte de la Tierra donde se sabe que existen líquidos en su superficie. Además, algunos científicos piensan que Titán podría tener grandes océanos subterráneos de amoniaco líquido.









miércoles, 5 de septiembre de 2012

35 años de la Voyager I.



Este 5 de setiembre celebramos el 35º aniversario del lanzamiento de la sonda Voyager 1, paradojicamente la segunda de las hermanas Voyager en alcanzar el espacio y es hasta la fecha el objeto fabricado por el hombre que más se ha internado en el medio interestelar. La misión de las Voyager 1 y 2 constituye uno de los grandes logros de la humanidad y fue posible gracias a una inusual alineación planetaria de los planetas exteriores, una alineación que sólo se da cada 175 años. 
Voyager 1 sobrevolando Saturno.
Gracias a esta casual disposición de los planetas gigantes, una sola (la voyager 2) nave fue capaz de visitar Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno usando simples maniobras de asistencia gravitatoria, mientras su hermana la voyager 1 salia apresuradamente del sistema solar. Esta trayectoria fue descubierta y estudiada a mediados de los años 60 por muchos científicos y la NASA no deseaba dejar pasar esa oportunidad. Si no hubiera sido por la Voyager 2, nuestra generación no habría visto de cerca a Urano y Neptuno.

Hagamos un poco de historia. La voyager 1 fue lanzada el 5 de septiembre de 1977 desde el Centro Espacial Kennedy de la NASA en Cabo Cañaveral a bordo de un cohete Titan IIIE, y casi terminó la misión antes de empezar.Un defecto de quemado de combustible de la segunda fase del cohete hizo, en principio, temer a los técnicos que la sonda no alcance la velocidad necesaria para llegar a Júpiter. Sin embargo, la fase superior Centauro permitió compensar este defecto. A pesar de haber sido lanzada después de su gemela Voyager 2, la Voyager 1 siguió una trayectoria más rápida, por lo que llegó antes a Júpiter.
Lanzamiento de la Voyager 1.

La tierra y la luna vistas por la Voyager 1 cuando iniciaba su viaje.
La Voyager 1 empezó a observar a Júpiter en enero de 1979 y alcanzó su máximo acercamiento el 5 de marzo de 1979 a una distancia de 278.000 km. Se acercó tanto que permitió las mayores resoluciones de las superficies de los satélites en ese entonces. Se acercó a tan solo 18.640 km del satélite Io y pudo observar por primera vez actividad volcánica fuera de la Tierra, algo que pasó inadvertido para las Pioneer 10 y 11.

Exploración de Júpiter.


Satélites Io (izquierda) y Europa (derecha) sobre el disco de Júpiter.

Gran mancha roja.

Volcanes en Io.

Luego de estar explorando a Júpiter, el gigante gaseoso aceleró a nuestro incansable "viajero", hasta alcanzar Saturno el 12 de noviembre de 1980, acercándose a una distancia de 124.200 km. En esta ocasión descubrió estructuras complejas en el sistema de anillos del planeta y consiguió datos de la atmósfera de Saturno y de su mayor satélite natural, Titán, de la que pasó a menos de 6.500 km. Debido al descubrimiento de atmósfera en este satélite, Titan era un objetivo prioritario de las voyager. De hecho, si la Voyager 1 hubiese fallado antes de que su gemela alcanzase Saturno, la Voyager 2 habría sido dirigida hacia Titán y nuestra generación no habría podido gozar de las imágenes de Urano y Neptuno. 

Exploración de Saturno.


Saturno.

Saturno con sus lunas.

Lunas Tetis y Dione, cerca de saturno.

Titan.

Atmósfera de Titan.


A principios de los 80 no existían trayectorias que permitiesen al mismo tiempo un sobrevuelo de Titán y poder continuar un viaje hacia Urano. Los científicos del JPL pensaban que Titán bien merecía ese sacrificio. Afortunadamente la Voyager 1 se comportó de forma impecable, transmitiéndonos mucha información sobre esta enigmática luna, tanta información que los científicos usaron para diseñar a la próxima generación de exploradores de saturno "la sonda Cassini". Luego de sobrevolar saturno la sonda se alejó del sistema solar poniendo punto final a su exploración planetaria.

En septiembre de 2004, la Voyager 1 alcanzó una distancia de 14 mil millones de kilómetros (93,2 UA, 8.700 millones de millas o 13 horas luz) del Sol y es por lo tanto el objeto más lejano construido por el hombre. El 15 de agosto de 2006 la sonda Voyager 1 alcanzó la distancia con respecto al Sol de 100 UA, esto es, casi 15.000 millones de km. Se aleja con una velocidad de 3,6 unidades astronómicas (29 minutos-luz) por año del Sol, lo que corresponde a 17 km/s.

El 14 de junio de 2012 la NASA anunció que la Voyager 1 registró un aumento en la detección de partículas cargadas del medio interestelar, que normalmente son desviadas por los vientos solares dentro de la zona de influencia de nuestro sol, llamada heliosfera. Esto se ha interpretado como señal de que la sonda ha llegado al borde del sistema solar a una distancia de 120,07 UA (17,86 millones de kilómetros) de la Tierra, ya la sonda comienza a entrar en el espacio interestelar.

La Voyager 1 lleva consigo en su viaje espacial uno de los dos discos con sonidos de la Tierra Sound of Earth. El disco contiene sonidos e imágenes que retratan la diversidad de la vida y la cultura en la Tierra. Se diseñó con el objetivo de dar a conocer la existencia de vida en la Tierra a alguna posible forma de vida extraterrestre inteligente que lo encontrase, y que además tenga la capacidad de poder leer, entender y descifrar el disco. Como las sondas son muy pequeñas comparadas con la inmensidad del espacio interestelar, la probabilidad de que una civilización que viaja por el espacio se encontrase con ellas es muy pequeña, sobre todo porque las sondas con el tiempo dejarán de emitir cualquier tipo de radiación electromagnética. En realidad estos discos son más un gesto simbólico que un serio intento de contactar con vida extraterrestre.

Según la NASA las sondas poseen energía como para seguir mandando datos hasta el 2020-25, pero su viaje continuará como embajadoras de la humanidad en las estrellas.